Sonia Casanova

ArtNexus No. 54 - Oct 2004

La exposición Señores naturales es un homenaje a los chamanes, quienes entienden los ritmos y las constantes de la Naturaleza, así como sus sorprendentes regalos en las formas de fuego y cosechas. Los chamanes pueden abandonar su cuerpo físico y remontar el mundo de los espíritus.  Son también quienes mantienen la cohesión del grupo social al que  pertenecen porque acompañan a los integrantes en sus ritos e iniciaciones.

 

El artista y fotógrafo Antonio Briceño realizó una investigación sobre  las tradiciones orales de grupos étnicos que mantienen sus creencias ancestrales (patrimonio intangible), con la intención de crear las  imágenes de un panteón contemporáneo de creencias americanas. Entre los años  2001 y 2003, Briceño convivió con comunidades de la etnia Huichol de México (trabajo realizado gracias a una beca de Estancia para Creación  Artística que le fue concedida, por el gobierno de ese país); las etnias Piaroa y Pemón, del sur de Venezuela; y las Kogui y Wiwa, de la Sierra Nevada de Santa Marta, en Colombia (a través de una Residencia Artística otorgada  por el Ministerio de Cultura de Colombia y el Consejo Nacional de la  Cultura de Venezuela, a través del Programa de Residencias Artísticas del Grupo de  los Tres).

 

Briceño es biólogo y conoce el enfoque científico  que aísla y  diferencia el objeto de estudio. Su acercamiento al mundo mágico de las etnias que conoció es poético, artístico, de asombro, de cercanía. La fuente para  sus imágenes son las tradiciones orales “La palabra huichol para chamán es marakaame, que significa cantador. Durante mi estadía en la Sierra  Madre Occidental con los huicholes, me comentó un chamán, al comienzo de mi experiencia: Nosotros no tenemos libros, como la Biblia de ustedes. No tenemos imágenes, como los santos de ustedes. Tenemos los cantos. Allí  está todo...”

 

El artista hizo el desarrollo gráfico de los mitos que recopiló en su  rica convivencia con las comunidades uniendo las técnicas de la fotografía documental con  el fotomontaje digital. La exposición consta de quince cibachromes en formatos que varían desde 120 x 120 hasta 100 x 230 cm.   Son imágenes de alegorías americanas de gran belleza plástica: dioses,  señores, dueños e hijas de las grandes fuerzas que, con sus atributos, pasan de  la tradición oral a representaciones del arte contemporáneo.

 

El curador de la exposición, Luis Angel Duque, destaca el trabajo de Briceño como “mitógrafo”, comparable al de otros compiladores de  creencias, leyendas y cantos desde Hesíodo en la Antigüedad hasta los trabajos de  Fray Cesáreo de Armellada y Marc de Civrieux  sobre las etnias Pemón y  Yekuana en el siglo XX. Pero el trabajo de Briceño no produce una recopilación  sino una interpretación, a través de medios tecnológicos, de las imágenes  que le llegaron en palabras. Son interpretaciones libres que están en mayor o menor medida cercanas a las historias que las originan. Por ejemplo, es textual que a la dueña de la coca le salían las hojas de los cabellos,  y así la representa, como a una Flora romana. Buoka es el dios piaroa de  la creación y de la imaginación, que nace de los pensamientos y visiones  del viento. Antes de él no existía nada, y Briceño lo representa en medio  de un movimiento nebuloso y caótico que comienza a organizarse. Pero los atributos de la hija del ají, narración pemona, no están especificados;  son una invención del artista, dentro de un espíritu de reverencia hacia  los fenómenos naturales.

 

Briceño acerca al espectador occidental a las cosmogonías piaroa,  pemona, huichol, kogui y wiwa a través de íconos, facilitando así la  comprensión de la existencia de un mundo mágico. La fotografía digital le permite  realizar actos de magia como volver ligero los pesado; como hacer que las rocas floten etéreas sobre la cabeza dios del peyote. Las imágenes que  observamos salen de la imaginación de Antonio Briceño, estimulada por historias ancestrales y materializada a través de la fotografía digital. Las imágenes poéticas de creencias ancestrales tienen  títulos en la  lengua de cada etnia y en castellano.  Los dueños y dueñas (del algodón, de la coca, de los bosques) corresponden a los Wiwa y Kogui de Colombia.

 

Explica Briceño: “Los Kogui consideran que no sólo  hay dueños –padres y  madres-  de las grandes fuerzas naturales, sino también de todos y cada uno de  los recursos. A estos dueños debe rendírseles tributo, tanto pidiendo su permiso antes de usar los recursos, como haciendo pagamentos una vez  usados éstos. Así mantienen una relación permanente de respeto e intercambio  con la infinita generosidad de la Madre Tierra, y la conciencia de que nada debe ser destruido ni malgastado. Esta conciencia es la que permite a  los Kogui  considerarse a sí mismos los guardianes de la vida en el  planeta”.

 

Los dioses y diosas de la fertilidad, de la creación, de las aguas y la purificación son imágenes del pensamiento Piaroa; los del fuego, del  maíz, de las aguas, así como “el mas sabio”, provienen de la cultura Huichol.

 

En cada caso la composición tiene una figura central, perteneciente a la  etnia referida, y un fondo natural intervenido, generalmente con una simetría axial. Son grandes figuras sobre fondos de apariencia sobrenatural:  cielos de un azul muy saturado, bosques simétricos, fondo blanco en referencia  al frío y la nieve, o negro para destacar la figura que lleva el collar de ajíes. Imágenes un poco alucinadas,  como extraídas de los sueños, que remueven el inconsciente por su carga simbólica.

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