Nada más aterrador que el silencio. El silencio pétreo, desolador, impenetrable a toda realidad. El silencio que no se atreve a ser roto; que vio, pero mejor no. Silencio de miedo, silencio de indiferencia, silencio de interés, silencio de complicidad. De ahora tú, luego yo. Silencio denigrante, repulsivo, abyecto. Vergüenza para la especie.

 

Toda una era glacial congelando alaridos. Los jueces, los compinches, los argumentadores, los dogmáticos, los evasivos, los medios (que quedan). Los gobiernos, las naciones, las instancias continentales y mundiales. Todos congelados. Hay demasiado petróleo acá como para que se oiga; demasiado dinero como para que puedan escuchar. Aún no les llega el grito atronador de sus semejantes. No les asoma el dolor de los abusados. No les sonroja la vejación ni aún cuando se perpetra a la luz pública. Omertà general, mientras les den sus barriles. La petrolera era del silencio. Vergüenza para la historia.

 

Antonio Briceño

3 de abril de 2014

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