Cardiorriza

 

El 31 de diciembre de 2021, bajo la forma de una Angina de Pecho, una parte de mí, murió. Era una parte débil y muy frágil de mi corazón que estaba seca, estancada, sin vida. Me tenía preso, temeroso, lleno de rencores; de una falsa hipersensibilidad que era solo egocentrismo.

 

Esa parte se ofendía por todo, juzgaba, se impacientaba, se creía el centro del universo. Pero era puro miedo. Era una cáscara que me impedía ver lo absurdo de malgastar mis preciosos segundos en esta magnífica Tierra con una llorantina que tenía 50 años de extemporaneidad. No me dejaba percatarme del desperdicio.

 

Dijo el yogui Jetsun Milarepa (1052-1135):

 

Qué insensato malgastar la propia vida

luchando contra enemigos

que no son más que frágiles flores.

 

Qué estúpido gastar tu vida sin sentido

cuando un preciado cuerpo humano

es un regalo tan excepcional…

 

Esa parte tuvo que morir, porque me impedía vivir de la manera que ahora quiero vivir. Quieran los dioses y las fuerzas que me mantuvieron vivo, que las cáscaras resecas de esa parte muerta de mi corazón, sirvan ahora de abono para el más extraordinario de los árboles: el Árbol de la Vida.

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