
La fuerza de la resurgencia.
Uruguay
-Nem Nderé. La vidente. (Laura Lescano).
Laura siempre supo que tenía dones especiales para la percepción. Durante años pretendió huir de ellos, no aceptarlos. Hasta que le fue imposible renunciar a su naturaleza. En una ocasión tuvo una potente visión en la que se encontraba en medio de una masacre a un pueblo indígena, de la que ella se salvaba. Luego supo que esa visión correspondía a hechos históricos del pueblo charrúa, y abrazo, finalmente, su vocación y su pertenencia a este pueblo, en una doble resurgencia.
-Basquadé Inchalá. ¡Levántate, hermana! (Mónica Aragonés)
Mónica es una mujer sanadora, que atiende a sus pacientes en el bosque, utilizando los cairnes o plataformas ancestrales de piedra como camillas, como sustratos, como fuentes de enrgía telúrica capaces de conectar con la tierra ancestral en el camino de regreso del alma.
-La Fuente. (Richard Rodríguez, Pabla Teresa Pérez y Erardo Rodríguez).
Hace apenas tres años que Richard, a partir de análisis de ADN, descubrió que el 30% de sus genes son de origen indígena. Además, se enteró que su ascendencia Charrúa la tiene por vía materna y paterna. Tal descubrimiento marcó un hito en la vida de Richard. Su vida cambió. Desde entonces se ha volcado a profundizar en torno a su cultura ancestral, pero también a desarrollado, finalmente, su creciente interés por la naturaleza, que es la naturaleza de su ancestría. La fuente.
-La danza. Doma india. (Roberto Indio Rivera)
La doma de equinos que ejecuta con maestría el Indio Rivera, llamada doma india, se basa en el respeto y la empatía con el animal. A diferencia de la doma basada en el sometimiento y el temor, este tipo de doma consiste en ganar la confianza del animal mediante movimientos suaves, cercanía, calma y comunicaión. Es una danza elegante, en la que los cuerpos y las almas del domador y del caballo realizan un encuentro en el que pueden, finalmente, confiar el uno en el otro para avanzar por el campo como un solo ser.
-Presentación a la luna. (Marithué Torres)
En la tradición charrúa, las madres o abuelas presentan al niño a la primera luna llena después de su nacimiento. En esta presentación, en la que la luz de plata ilumina por primera vez a la criatura, le ruegan al astro que haga de ese niño una persona buena, fuerte, cabal, una protección que asegura su camino.



