Dioses de América
Visiones de nuestro Origen
Mi bisabuela paterna perteneció al ya extinto grupo indígena Timote, de Los Andes de Venezuela. En el año 2000 nació en mí la necesidad de indagar sobre su mitología, sus creencias, su cosmogonía. Pero no quedó ni rastro. Por esta razón, me propuse un proyecto de vida: investigar las mitologías de grupos originarios americanos que han sobrevivido hasta la actualidad y proponer una iconografía para sus dioses, personajes mitológicos, conceptos e ideas sobre el mundo intangible, antes de que desaparezcan del todo. Desde entonces, he trabajado con más de treinta culturas originarias de quince países de Norte, Centro y Suramérica y el resultado ha sido un conjunto de más de 150 imágenes.
Este es un trabajo que, pese a su urgencia, va contra la corriente. Conocemos mucho más de las mitologías griega, egipcia y romana, que de las de los grupos que aún moran entre nosotros. Recien ahora se comienza a enfocar la mirada en la sabiduría de los pueblos ancestrales. Esta investigación ha consistido en indagar sobre las mitologías de los grupos con los que he trabajado, a partir de los textos escritos por antropólogos. Luego, en las comunidades, mis aliados han sido los chamanes, sabios y maestros, que me asesoran sobre cómo hacer cada representación: me indican qué personas de la comunidad serán las más idóneas para representar cada deidad y qué atributos o elementos deben acompañar a la imagen. Se trata de retratos hablados, basados en mitos originarios. Todas las personas fotografiadas han recibido las imágenes realizadas a partir de sus retratos.
Es un trabajo urgente: en un lapso de veinticinco años, he visto desaparecer, bajo las aguas de represas, comunidades con las que trabajé; o estar amenazadas por la minería, el turismo, el narcotráfico, la guerrilla o la evangelización. Los Dioses de América se están yendo para siempre a una velocidad mayor de lo que yo creía inicialmente y, con ellos, una parte esencial de la humanidad se hundirá irremediablemente en el olvido o, peor aún, en la ignorancia. Mi trabajo es a contra-reloj y el camino aún es largo.
