Fronteras difusas. (Extracto en baja resolución)
HD video loop multicapa monocanal (5:00")

 

Hace más de una década que supe, por casualidad, que una de mis bisabuelas paternas había pertenecido a un pueblo originario de Venezuela. El pueblo Timote, de indígenas andinos. Años más tarde, cuando finalmente tuve la oportunidad, me hice el análisis de ADN para confirmar si esta noticia era cierta. Para mi enorme sorpresa, no solo constaté que mi bisabuela había pertenecido, efectivamente, a uno de estos grupos, sino que descubrí que mi ADN contiene información genética de, al menos, 21 grupos diferentes de todo el planeta. Mi genoma tiene bien representados a mis ancestros de América (13%), África (8 %), Europa (67 %), Asia (2,5) y Medio Oriente (3,3 %). Yo soy la suma de millones de personas muy diversas, algo muy común en nuestro vasto continente.Y es que Latinoamérica es un gran crisol, en el que incontables culturas originarias se han mezclado con culturas europeas, asiáticas y africanas, convirtiéndose en un gigantesco árbol con miles de ramas y raíces. Durante siglos, nuestros antepasados se han encontrado y compartido su herencia, conformando un paisaje humano de limites indefinidos, con un solo corazón que bombea nuestra sangre mestiza.

 

Dicen los Kogui, de Colombia, los hermanos mayores, que el Universo es un gran telar, y que vivir es tejer. Abia Yala es un gran tejido en el que se cruzan, como hilos, los genes, las creencias, la cocina, la música, las lenguas, los conocimientos y los amores de nuestros ancestros.

 

Pero, en realidad, toda la humanidad es un mosaico cambiante, producto de un incesante viaje de cientos de miles de años. Se dice que el Homo sapiens surgió en algún lugar de África oriental, hace unos 300.000 años, y que, desde entonces, se inició su expansión, hasta conquistar todos los rincones del planeta. Por eso, todos los que habitamos fuera de África Oriental, somos descendientes de migrantes.

 

Este trabajo está construido a partir de los retratos superpuestos de personas originarias de los 21 sitios detectados en mi ADN, generando un tapiz de fronteras difusas, como las nuestras. Más que un retrato mío, o de mis ancestros, constituye un homenaje a todas las personas descendientes de migrantes. Es decir, constituye un homenaje a todas las personas, que formamos el gran tapiz de la humanidad, en el que las fronteras son solo una ficción.